Día internacional de las trabajadoras y trabajadores de flores Mientras a las empresas se les exime

La ONG colombiana Cactus, que acompaña a lxs trabajadores de flores y sus familias en la Sabana de Bogotá y que participó como invitados en la gira con APP Capitulo Centro-Norte en octubre del 2014, escribió el siguiente comunicado sobre la importancia de celebrar el Día Internacional de las trabajadoras y trabajadores de flores este 14 de febrero. Aprende más sobre la campaña de flores de APP del 2015 y los vínculos de la industria de flores a los políticos estadounidenses.

En Colombia existen alrededor de 400 empresas productoras de flores cortadas para exportación que ocupan 6.700 Hectáreas, de las cuales 73% se encuentran en la Sabana de Bogotá, 24% en Antioquia y 3% en la zona centro. Colombia es el segundo exportador mundial de flores cuyos destinos principales son Estados Unidos (76%), Japón (4%) y la Unión Europea, con ventas por 700 millones de dólares anuales. En 2013 el sector presentó crecimiento en 1,2% en la producción, 4,4% en exportaciones y 4,3% en las hectáreas sembradas.

Lo anterior evidencia una vez más cómo el sector floricultor colombiano es exitoso a pesar de situaciones relacionadas con las condiciones climáticas adversas, la revaluación del peso y la competencia internacional. Una de las razones para la fortaleza del sector se relaciona con los incondicionales apoyos que históricamente han hecho los gobiernos colombianos a las empresas exportadoras y particularmente con la exención de impuestos de que goza el sector floricultor.

Nos referimos concretamente a la exención de impuesto de industria y comercio que deben pagar las empresas en general por razón de su actividad económica. La floricultura no paga estos impuestos a los municipios, lo cual deja de ser un ingreso que estos podrían percibir para reinvertir en el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes y particularmente las trabajadoras y trabajadores que en ellos habitan. Existen además otras medidas que benefician al gremio como la excepción del pago de contribuciones a la salud en un 8.5% y la devolución del IVA al sector floricultor por compra de insumos.

Por su parte, las y los trabajadores de flores ganan un salario mínimo (644 mil pesos, equivalente a 274 dólares mensuales) insuficiente para cubrir sus necesidades básicas; se sigue afectando su salud por el aumento de las metas de producción (mientras un trabajador o una trabajadora, en la década de los noventa tenía bajo su responsabilidad 40 camas[1], en la actualidad puede tener más de 70); y por las prácticas antisindicales tradicionales en muchas empresas del sector floricultor. Esto sin contar con los ya conocidos impactos socioambientales por el uso intensivo de agroquímicos y el alto consumo de agua (5.746 metros cúbicos por hectárea al año) en conflicto con el uso del agua para el consumo humano.

En contraste con los beneficios que reciben las empresas se evidencia un tratamiento distinto con quienes hacen parte de la base de la pirámide de actores que intervienen en la producción florícola (las trabajadoras y trabajadores de las flores), que pagan impuestos indirectos como el IVA (Impuesto al Valor Agregado) por la vía del consumo. Las mujeres y hombres trabajadores de la floricultura no obtienen beneficios reales directos y suficientes por el pago de los impuestos que hacen. El Estado no tiene una preocupación real y efectiva por el mejoramiento de las condiciones de vida y los derechos de las y los trabajadores del exitoso gremio exportador.

Si el Estado hace esfuerzos importantes para salvar a las empresas o para incentivarlas, ¿por qué no hace lo mismo frente a las crisis económicas y sociales de las trabajadoras y trabajadores, que son los actores fundamentales que aportan a la riqueza de dichas empresas?

Si las empresas de flores tributaran sería posible que las comunidades municipales y las trabajadoras/es se pudieran beneficiar por la vía de servicios sociales, u otras formas, de dichos impuestos. No son suficientes las acciones que las empresas desarrollan desde la responsabilidad social empresarial, cuya realización depende de la voluntariedad de las mismas (no son una obligación) y cuyo objetivo principal es mejorar su imagen.

Esto es cuestión de Justicia tributaria! Es decir, el Estado debería tomar las medidas necesarias para exigir que estas empresas paguen impuestos a los municipios, los cuales deberían ser orientados especialmente a mejorar la calidad de vida de las mujeres y los hombres que hacen posible dicha riqueza.

Contra la exención de impuestos a la floricultura… viva la dignidad de las y los trabajadores!

Viva el Día Internacional de las trabajadoras y trabajadores de flores! ¡Porque somos más importantes que miles de flores juntas!”


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