El Impacto del TPP, Segunda Parte

Josh Wise, Coalición por el Comercio Justo de Minnesota Ayer leímos una introducción al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP) y exploramos algunas de las maneras en que estos tipos de acuerdos de libre comercio dan prioridad a las empresas y perjudica al sector trabajo de todos los países involucrados. Hoy vamos a hablar un poco más sobre lo que hace al TPP una versión especialmente peligrosa de los acuerdos de libre comercio anteriores y lo que podemos hacer para impedirlo.

Cuando se negoció el TLCAN, se trataba en gran parte con mercancías – artículos tangibles. Mientras ha avanzado la tecnología, también se ha incrementado dramáticamente el comercio de servicios como la banca, los seguros, los servicios jurídicos, asistencia médica, etc. El TPP pretende cubrir todos estos servicios y más, lo que significa que quedan muy pocos trabajos que no pueden ser subcontratados. El TPP haría más difícil para los gobiernos locales poner restricciones laborales y ambientales en las actividades empresariales, como salarios dignos o requisitos de huella de carbono. Parte del lenguaje del TPP también podría allanar el camino para la desregulación de los servicios públicos como la recolección de basura, servicio de agua y otros servicios públicos, que fomentaría que las grandes corporaciones extranjeras vengan y privaticen los servicios, pagando salarios bajos y rompiendo los sindicatos del sector público en el proceso. A menudo las empresas aceptan una pérdida para ganar una oferta, y una vez que los bienes públicos son vendidos, suben el precio y dejan a los gobiernos locales con una falta de servicios.

Y si los gobiernos locales tratan de defenderse, podrían abrirse a una controversia entre el inversionista y el Estado. Estos permisos por impugnación legal, los cuales comenzaron con el TLCAN, han dado el derecho a las empresas a demandar a los gobiernos en el tribunal de comercio extrajudicial, y se han utilizado para impugnar desde la prohibición de la fractura hidráulica hasta la asistencia sanitaria universal, además de una serie de regulaciones ambientales.

Pero los bienes y servicios no son todos. Igual a otros tratados de libre comercio, el TPP también incluye un capítulo sobre propiedad intelectual que establece esencialmente el control sobre la circulación de ideas y extiende drásticamente las leyes de los derechos de autor, los cuales potencialmente afectan mucho, desde las patentes sobre medicamentos hasta nuestra libertad de usar el Internet. Esto no sólo va a costar vidas, sino que está en conflicto directo con cualquier idea teórica de “libre comercio”. La versión de “libre comercio” que venden en estos acuerdos significa protección para las grandes corporaciones, puro y simple.

Debe estar muy claro ahora que estos acuerdos no sólo producen políticas dañinas a la calidad de vida global, sino que actúan como un asalto directo a nuestras instituciones democráticas y la capacidad de las comunidades locales para promulgar las leyes que más concuerden. La buena noticia es que el público está de acuerdo en gran parte. Las encuestas han mostrado que menos del 25 por ciento de los estadounidenses piensa que la política de libre comercio ha sido buena para el país, y que más de dos tercios de la población cree que dicha política reduce empleos en el país. Cuando hayamos tenido la movilización de las masas contra la globalización corporativa en los Estados Unidos, habremos ganado. Ganamos contra la OMC después de la batalla de 1999 en Seattle, y ganamos contra el Área de Libre Comercio de las Américas después de las protestas de 2001 en Miami. La ÚNICA manera en que estos acuerdos pasan es bajo un velo de secreto. Los principales medios de comunicación apenas han informado sobre el TPP; mientras tanto, el presidente está presionando al Congreso para aprobar la legislación de la “Vía Rápida”, o la Autoridad de Promoción del Comercio. La Vía Rápida significaría que una vez que un acuerdo comercial está completado y presentado al Congreso (y así finalmente hecho público al resto de nosotros también), el Congreso tendría que votar dentro de los siguientes 60 días, limitar el debate y no ofrecer enmiendas, además el poder ejecutivo puede escribir la propuesta de ley final que implementaría oficialmente el TPP.

Entonces, ¿qué podemos hacer para vencer el TPP? La primera cosa que tenemos que hacer en Estados Unidos es vencer a la Vía Rápida. Sin la Vía Rápida, es muy poco probable que el TPP pasare en el Congreso o que ni siquiera sea terminado de negociar. La buena noticia es que estamos en el camino para lograrlo. El año pasado, más de 150 representantes demócratas y casi 30 republicanos firmaron una carta de oposición a la Vía Rápida del Presidente. Al mismo tiempo, la mayoría de los estadounidenses de todo el espectro de los partidos políticos se oponen a la legislación de la Vía Rápida. Mientras organizamos una base de gente en todo el país estamos convenciendo uno por uno a los miembros del Congreso para construir una mayoría en la oposición de la Vía Rápida. Cuando introdujeron la primera propuesta de ley de la Vía Rápida en enero, recibió una crítica generalizada y en este momento está prácticamente muerta, pero una nueva propuesta de ley podría ser introducida en cualquier momento.

¡Por eso necesitamos su ayuda! Llame a su representante y a su senador para decirles que ninguna forma de la Vía Rápida es aceptable. Podemos tener un sistema robusto de comercio internacional enfocado en las personas, que promueva los derechos humanos y mejore la calidad de vida. Pero no podemos hacerlo con el antidemocrático y opaco modelo actual, y ciertamente no podemos hacerlo con la Vía Rápida. Hasta que las negociaciones comerciales cambien fundamentalmente para ser más transparentes y dar la misma voz a todos, el TPP y otros acuerdos continuarán la carrera mundial hasta el fondo. Todo depende de nosotros para organizarnos y cambiar la política comercial en una carrera hacia la cima!

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