Entering the Twilight Zone: a Reflection on My Move from Seattle to Mexico


By: Miriam Taylor, Mexico IT

(versión en Español abajo)


On Fridays when we’d had a particularly good week, my eighth grade literature teacher treated us to an episode of the 1960s sci-fi series The Twilight Zone, where nothing was as it seemed on the surface and the meaning of the plot eluded the viewer until the very last moments of the show. Strange as it seems, that show is the only thing that comes close to describing my feels during my transition from Seattle to Mexico over the last month in the context of marijuana legalization and the U.S. War on Drugs.



I left Seattle just after Washington State voted to legalize the production and sale of marijuana. Medical marijuana dispensaries had already begun popping up all over the city, and the post-election news was filled with images of clouds of pot smoke rising from beneath the Space Needle as Seattleites exercised their new rights. Currently with a medical marijuana license, but soon with just an ID, one can visit a dispensary, and the experience is exceedingly pleasant. Products vary from traditional “dried flowers” to candies, teas, oils, sodas, and even spaghetti sauce. The staff are incredibly knowledgeable, giving advice on what product is best for pain, as a sleep aid, or for specific psychotropic effects. They also know where the product comes from–if it’s locally grown, organic, and if a strain will likely be available again.



I was well aware that things would be different in Mexico, but was curious to see how things had changed since the decriminalization of a suite of drugs in 2009 (I lived in Mexico prior to the passage of the 2009 law.) It is now not a criminal offense to possess up to 5 grams of marijuana (about four joints), and I wondered how this would change the dynamic in people’s daily lives– would there be less fear of the police? Would people be more open about consumption?



Unfortunately little has changed. Marijuana is still ubiquitous– readily available at parties and in clubs, but the climate of fear is the same. According to a 2011 report by el Colectivo por una Politica Integral Hacia las Drogas A.C. (Collective for a Comprehensive Drug Policy, or CuPHID), 70 percent of people who use drugs in Mexico have been arrested by police forces, with the same percentage also claiming to be victims of police extortion. Unfortunately the issue runs even deeper than this, as other posts on this blog explain in depth. I recently met with a mother searching for her son who was disappeared a year ago. As she told me her story, she pulled out her pink, pocket-sized notebook, which is full of the hand-written investigative work she’s done since her son’s disappearance. She explained that she doesn’t trust the police, and that they wouldn’t help her anyway unless she were to pay them.



Since 2006, more than 47,000 people in Mexico have died as a result of the Drug War, according to Mexican government statistics. According to a recent Human Rights Watch report, there have been 250 official disappearance cases over that same period, with fear likely keeping many more from coming forward. Meanwhile the U.S. channels millions of dollars-worth of military aid to bolster the Mexican army’s efforts to combat narcotrafficking, while in two of its own states citizens have passed measures legalizing marijuana with essentially nothing in the way of federal response.



The Twilight Zone‘s intro promises a journey to a dimension whose “boundaries are that of imagination.” But this is not an imaginary space, not a sci-fi thriller. These are people’s lives, their daily realities. Marijuana has resulted in no deaths by overdose, is sold and consumed peacefully in parts of the U.S., and is demanded as a recreational substance in both the U.S. and Mexico. Yet the heavy toll here in Mexico, throughout Latin America, and in poor neighborhoods in the States is unabated. This is evidently a price our government is willing to pay, but are we?

Una Reflección Sobre Mi Transición desde Seattle a México

Los viernes, después de una buena semana, mi profesor de la literatura del octavo grado nos dejaba ver un episodio de la serie de ciencia ficción de los 1960s que se llama The Twilight Zone (La Zona del Crepúsculo), donde nada era como parecía, y el significado de la trama se escapaba del espectador hasta los momentos finales del episodio. Quizá parece extraño, pero ese programa es la única cosa que puede describir mis sentimientos durante mi transición desde Seattle a México durante el último mes en el contexto de la legalización de la marihuana y la Guerra Estadounidense Contra las Drogas.

Cuando salí de Seattle, la gente del estado de Washington acababa de votar para aprobar la legalización de la producción y la venta de marihuana. Los dispensarios de la marihuana medicinal ya se habían abierto en muchas partes de la ciudad, y las imágenes en las noticias después de la elección incluyeron las nubes del humo de marihuana de la gente ejercitando sus nuevos derechos debajo del Space Needle. Ahora, si uno tiene una licencia para consumir marihuana medicinal (y pronto con solamente identificación), uno puede entrar en un dispensario, y la experiencia es muy agradable. Los productos en venta varían desde “las flores secas” tradicionales hasta dulces, tés, aceites, refrescos, o aun salsa de espagueti. Los empleados están bien informados y dan consejos de cuál producto es el mejor para el dolor, para producir sueño, o para efectos psicotrópicos específicos. Ellos también saben de dónde viene el producto—si es local, orgánico, y si ese tipo de marihuana será disponible en el futuro.

Yo sabía que las cosas serían diferentes en México, pero tenía curiosidad de ver cómo las cosas habían cambiado desde que pasó la despenalización de varios tipos de drogas en el 2009 (yo vivía en México antes de que pasara.) Ahora no es un crimen tener hasta 5 gramos de marihuana (más o menos cuatro cigarros de marihuana), y yo quería saber cómo este hecho había cambiado la dinámica diaria de la vida—¿Tendría la gente menos miedo de la policía? ¿Habría más tolerancia la gente acerca del tema del consumo de la marihuana?

Desafortunadamente, poco ha cambiado. La marihuana sigue siendo ubicua—se puede encontrarla fácilmente en cualquier fiesta o bar, pero el clima del miedo es igual que el de antes. Según un reporte de 2011 del Colectivo por una Política Integral Hacia las Drogas (CuPHID), 70 porcentaje de las personas que consumen drogas en México han sido arrestadas por la policía, y el mismo porcentaje ha sido víctima de la extorsión a manos de la policía. Desafortunadamente el problema es más amplio aún, como los otros artículos de este blog explican a fondo. Hace poco conocí a una madre que está buscando a su hijo desaparecido hace un año. Mientras que me contaba su historia, ella sacó su pequeño cuaderno de color rosa, el cual estaba lleno de notas del trabajo investigativo que ella ha hecho desde la desaparición. Ella explicó que no tiene confianza en la policía, y que ellos no le ayudarían de todos modos sin que ella les pagara primero.

Desde el año de 2006, más que 47.000 personas en México se han muerto como resultado de la Guerra Contra las Drogas, según las cifras del gobierno mexicano. Según un reporte de Human Rights Watch, hubo 250 casos de desaparecid@s durante este período, y es probable que hayan muchos casos más que personas que no hablan de sus historias por miedo. Mientras tanto, los EE.UU. gastan millones de dolares en ayuda militar al ejército mexicano para combatir el narcotráfico, al mismo tiempo en que dos de sus propios estados acaban de aprobar leyes que legalizan la marihuana sin una respuesta federal.

La introducción de La Zona del Crepúsculo describe el viaje a una dimensión donde “la imaginación determina las fronteras.” Pero no vivimos en un espacio imaginario, ni en una película de ciencia ficción. Estamos hablando de las vidas de personas reales, de sus realidades diarias. La marihuana no ha sido responsable por ningún fallecimiento de sobredosis, está consumida y vendida pacíficamente en partes de los Estados Unidos, y hay una demanda recreativa para ella en los EE.UU. y en México. Sin embargo el costo de la guerra contra las drogas aquí en México, por todo Latinoamérica, y en regiones pobres de los EE.UU. es pesado y no disminuido. Evidentemente este el precio que nuestro gobierno está dispuesto a pagar, pero estámos dispuest@s nosotr@s?


The future of our Colombia Program depends on your financial support. Become a Patron and help sustain our work on the ground.

WFP Solidarity Collective

P.O. Box 17262

Minneapolis, MN  55417-9998

(for donations, make checks payable to WFP Midwest)

  • YouTube
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram

Want to learn more? Sign up for our mailing list